miércoles, 29 de abril de 2009

El relato

Es largo, si, pero bueno, leedlo si os apetece, gracias pezkeñines.

Llueve, el mundo gira como cada instante, pero no para él, su camino transcurre con calma, observa cada detalle, cada color, sus pies se dirigen a un banco oculto en medio de una gran plaza, todo el mundo duerme, la lluvia oculta sus lagrimas, el cielo truena sus lamentos, los mismos que su corazón.

_ No es justo, no es justo, no puede ser justo!

Hugo mira sus manos, recordando su piel, grita de frustración mientras otro trueno silencia sus palabras, se quedo mirando el suelo mientras se mojaba, se levantó con pesar y su mente vagaba inventando una posible solución, todas ellas imposibles a simple vista, recordó sus libros de dragones, dioses y magos, volvió a desear poder ser uno de ellos.

Recordó una escena de unos de sus libros favoritos cuando una gran tormenta se llevaba a su protagonista y rezó por que pudiese pasarle, deseo con toda su alma poder tenerlo, alzó su rostro y gritó con amargura mientras las lágrimas le acariciaban el rostro.

El silencio se impuso al eco, sólo la lluvia con sus sonido particular hablaba, bajó la mirada y vio una sombra entre dos árboles, solo unos ojos multicolores se veían en la oscuridad, parpadeó y observó mejor, no había nada.

_ ¿Quién está ahí?. ¿Hola?. Hugo escucho el silencio.

De pronto le pareció escuchar tras él una pequeña risa, grave y dura, como el mismo tiempo. Se dio la vuelta y lo vio. Frente a él tenía un ser intemporal, más bello que cualquier ser sobre este mundo.

_ Me has convocado. ¿Qué quieres de mí?.

Hugo observó boquiabierto, sabía quien era, pero… no!, era imposible. O tal vez… no puede ser real, es imposible.

_ ¿Y..y..Yandros?. ¿Eres tú?. Preguntó Hugo balbuceando.

Yandros le observó con tranquilidad, con aquellos ojos capaces de atravesar mundos, sus labios se curvaron en una sonrisa.

_ Me has convocado y aquí estoy. Habla.

Un gran silencio siguió a sus últimas palabras, aquella voz inmortal era imposible de olvidar.

_ Aeoris! – gritó Hugo.

Yandros se echó a reír con ganas, y sus ojos se iluminaron, tras unos segundos respondió con sorna.

_ Milenios sin creer en los dioses y ahora me nombras a mi rival. -Sus labios se curvaron en una sonrisa maligna- Me has llamado y he acudido, que quieres de mí.

_ Y..y … yo.. Yo… quisiera… bueno… verás… Hugo tartamudeó.

Yandros esperó mientras ordenaba sus ideas.

_ Pedí ayuda para… poder tener algo que ofrecer, algo que hacer, no… a ver…

Yandros le cortó con un gesto.

_ Leo tus pensamientos, leo tu corazón y escucho tu alma, se que quieres y que buscas.

_ Pero eso es imposible, esto no puede ser real – se defendió Hugo como pudo.

_ Dame tu mano, y todo lo que pides será tuyo.

_ Y que daré a cambio?.

_ Ya lo sabes, es justo lo que piensas.

Hugo se dio cuenta que tenía su mano a medias extendida y la retiró con premura, sus ojos se abrieron enormemente mientras los de Yandros cambiaban a carmesí.

_ Pero… per…pero..

_ Elige tu camino. Volvió a cortarle Yandros.

Hugo soñaba, no había otra explicación para lo que pasaba, pero eran sus sueños, había gritado con todos sus sentidos pidiendo ayuda, el tiempo se había parado a su alrededor, por primera vez pudo ver las gotas de lluvia detenidas a su alredor sin llegar a explotar contra el suelo, sus ojos se pararon en el cielo cubierto y volvieron a unos ojos dorados expectantes.

¿Para que quiero más tiempo? No se si es real o no, pero prefiero esto a no tener nada. Su mano se adelantó con vacilación, atraído por un desconocimiento de lo que vendría ahora, pero seguro de que prefería esto a su triste vida.

Un dolor insoportable recorrió el brazo de Hugo cuando los dedos de Yandros se cerraron a su alredor, cuando el dolor cesó y pudo abrir los ojos, no había nadie con él.

Se puso en pie aún sujetándose el brazo, seguía lloviendo y él estaba empapado, pero no había nadie, sus ojos fueron a su brazo y quito la mano de encima, se sorprendió mucho al ver una larga cicatriz allí donde una mano se había posado, una risa llego del cielo eterno, y alzó los ojos, el cielo cambiaba a todos los colores del arco iris y se oía una gran agitación. Un fuerte viento le llegó y agitó.

_ Pero que coñ…esto tiene que ser UNA BROMA!- Hugo grito sobre el fuerte viento.

El cielo cayó sobre él con cientos de colores y un sonido horrible se propagó.

Segundos después paró de llover y el cielo dejó de derramar sus lagrimas, la plaza estaba silenciosa ni una hoja se movía, tampoco había nadie en ella.





Y este amanecer, milenios después de la última lucha entre los señores del bien y del caos, otro Señor del Caos pisó la tierra, el mundo había cambiado, ningún lugar estaba donde lo estuvo cuando caminaba como mortal por estas tierras, miro a su alrededor acostumbrándose al sonido de todos los ruidos del mundo, noto un ligero estremecimiento en su brazo, y al mirar vio esos ojos inmortales, una sonrisa curvaba su rostro vulgarmente perfecto.

_ Ya hemos llegado mi amor – dijo Cyllan – ven.

Se soltó de su brazo y caminó por la senda oculta, unos segundos después la siguió sonriendo, ella sabía que tendría que llegar este día, lo esperaba con impaciencia, pensando en ello, descubrió que el también lo esperaba.

Alzó los ojos y la vio mirando hacia el acantilado, ahí estaba, la Península de la Estrella, ahora formaba parte de otro lugar, pero el amanecer era inconfundible, fue tras ella y observó como caminaba por el vacío, su sonrisa se ensanchó, y la alcanzó con facilidad, cruzando el puente y parándose ante una gran puerta abierta.

_ ¿Nunca cerrarán esta puerta Tarod? – inquirió Cyllan –

_ Cualquier persona que encontrase este castillo, debería poder entrar mi amor. -Tarod la acarició con ternura.- Aunque sólo nosotros podemos hacerlo en estos tiempos.

Cyllan lo miró sorprendida – Pero ellos han de llegar, lo he visto.

_ Si, mi amor, ellos vendrán- Tarod sonrió.

Su mano se posó en el pomo y empujó, el silencio infinito se rompió, escuchando un sonido tras tanto tiempo y se repitió en cada rincón del lugar, Tarod avanzó con Cyllan a su lado, ante ellos se abría un enorme patio, los recuerdos de épocas pasadas volvieron a ambos, todo había empezado allí, miraron hacia la gran torre que subía hacia el cielo.

En el centro de aquel patio se detuvieron a observar el pasado, Tarod observó las estrellas fijas en el firmamento.

Cyllan sonrió.

_ Siempre te ha gustado este mundo, ver las cosas desde aquí.

Tarod hizo una pequeña mueca y la miró, sus ojos eran un pozo verde sin fondo con mil sensaciones.

_ Si, amor mío. Tanto como para ti, mi vida comenzó aquí.

El Señor del Caos espero unos instantes para dejar de mirar su propio amor reflejado, ella sonrió con ternura.

_ Es el momento, debe llegar ya.




Todo era silencio, ni un solo sonido llegaba a sus oídos, tenía que estar muerto, le dolía cada parte de su cuerpo, intento moverse pero le fue imposible, abrió los ojos con dolor e intento ver algo, solo notaba un dura piedra bajo su cuerpo y veía algo de madera ante él.

_ Pero que ha pasado aquí. Joder- Hugo siguió maldiciendo en voz alta mientras intentaba ponerse en pie.

Cuando al fin estuvo en pie, doblado sobre si mismo cogiendo aire, observó a su alrededor, estaba en una especie de formación rocosa, en medio de ningún lado, a pocos metros de una puerta enorme de madera, quitó las manos de las rodillas y observó más allá, unas almenas subían hacia unas aún más altas torres.

_ ¿Qué hice yo anoche?. Menuda fiesta me tuve que pillar.

Balbuceaba mientras se masajeaba el dolorido cuerpo, su manó paró en su antebrazo, un dolor más grave lo recorrió, observó con detenimiento y la vio, una cicatriz lo surcaba, todo volvió a su mente, todos los recuerdos, toda la noche pasada, su trato y el… espera… ¿eso fue un Warp?.

Atónito observó el castillo que tenía delante, “No podía ser real”, el sol bañó la puerta y comenzó a llegarle, el amanecer había llegado, y mientras el sol tocaba su espalda, sonrió, había ocurrido de verdad, puede hacerlo, puede elegir.

Comenzó a caminar desentumeciendo los músculos, no sabía por qué había venido a este lugar, pero tenía que entrar dentro para averiguarlo. Sus pasos se encaminaron hacia la puerta y la atravesó sin tocar, siguió adelante y entonces se detuvo unos metros más allá, con el corazón latiéndole a mil por hora.

En el centro del gran patio había dos figuras esperando de frente a él, aún en la distancia que los separaba sabía quienes eran.

Comenzó a caminar de nuevo y se acercó a ellos, mientras lo hacía se fijo primero en la figura más alta, una cabellera negra se mecía al viento y unos grandes ojos verdes observaban con interés, su vestimenta era negra en un cuerpo alto y fibroso, la otra persona era una mujer, de pelo color arena y una cara vulgar, pero con un brillo antinatural, y unos ojos atemporales.

- Bienvenido Hugo- dijo Tarod con rostro serio.

Lo observó con una cara indescifrable, era imposible que ese fuese Tarod de verdad.

_ Es el momento de comenzar, ¿estás preparado?- Cyllan miraba sus ojos con dulzura.

_ Yo… si… bueno… Sois vosotros de verdad!, no sois sólo un personaje de ficción, es imposible! Pero estáis aquí, ¿pero yo estoy vivo?, espera, todo es real… puedo realmente hacerlo.

Sus ojos verdes centellearon. Mientras miraba a Cyllan con calma.

_ Es la hora, nuestro tiempo aquí es pequeño, debes decirme cuando quieres ir.

Hugo consiguió respirar al fin, se planteó bien la pregunta y busco una solución, sencilla pero perfecta, arriesgada, si, pero mejor que nada era, ahora comprendía porque Tarod estaba frente a él.

_ Eres el señor del Tiempo, eres el único que puede ayudarme.

Tarod sonrió.

_Exactamente, es algo sencillo con una sola persona, la vida continuará igual, pero tú irás al pasado como deseas, podrás hacerlo todo de nuevo, pero con tu edad actual, tu vida paralela seguirá su curso natural.

_ No serás real para nadie que te conozca, volverás a donde nadie sabe quien eres, tu YO pasado seguirá adelante incluso cuando cumpla tu edad actual-. Cyllan hablaba mirando a Tarod.

_ Vale, vale, lo entiendo, estoy preparado- dijo Hugo temblando y dejando de respirar.

_ ¿Por qué lo haces?-

La pregunta de Tarod vino sin aviso, pillando desprevenido a Hugo.

_ Porque necesito saberlo, necesito intentarlo al menos.

Cyllan sonrió con ternura, mientras tanto Tarod se acercó a mí.

_Es un precio muy alto, pero ya lo has sellado- dijo señalando mi antebrazo. Cuando quieras hablar conmigo, tócate la cicatriz y grita mi nombre… Sujétate….

Comenzó a mover sus manos y Hugo sintió como un gancho le arrastraba hacia atrás por el aire entre una bruma negra, lo último que vio fueron los ojos de ambos en unos rostros sonriente mientras se cogian de la mano.

Cuando la sensación terminó, estaba sentado en el mismo banco del comienzo, pero era de día, la gente pasaba a su alrededor sin prestarle atención.

Hugo se levantó con calma, dudando ya de si estaba cuerdo o no, a escasos metros vio un kiosco y se acercó a él.

_ Una botellita de agua por favor.

Tras buscarla a su espalda el quiosquero la puso sobre el mostrador. Hugo sacó una moneda de un euro y la dejo sobre el mostrador dándose la vuelta.

_ Disculpa!.

Hugo se viró extrañado tras el grito del hombre.

_¿Que ocurre?

_ ¿Que es esto?- dijo señalando la moneda.

_ Pues un euro, ¿que si no?

_ Mira chico, el banco es en la esquina, son 50 pesetas.

Hugo lo miró horrorizado.

_ ¿Pesetas?- Hugo caviló unos instantes- ¿En que año estamos?- Preguntó asustado.

_ En 1999 chico.









































Es imposible, completamente imposible, no puede ser 1999, era algo impensable. Hugo estaba apoyado en una pared a veinte metros del kiosco, donde le miraban con extrañeza, si fuese ese año, yo tendría diez años menos, sólo había una manera de estar seguro, corrió calle arriba, sorteando los coches, su padre trabajaba a cincuenta metros calle Carrera arriba, pasó a la gente golpeándola sin darse cuenta.

Se paró en seco, la calle no estaba pavimentada, los coches la cruzaban, en diez año sería peatonal, miró a su izquierda y vio el banco, entró por la puerta y miró por la puerta del despacho, allí estaba, su padre sentado, revisando unos informes. En ese momento alzó la vista.

_ ¿Puedo ayudarle?

_ No te preocupes pap… pablo.

_ Me llamo Alberto.

_Disculpe.

Salió corriendo sin creérselo, tenía menos canas y más cara de joven, increíble. Pero algo no dejaba de repetirse en su mente, no estaba ahí por nada, tenía algo importante que hacer, y no se le ocurría por donde empezar.

_ ¿Donde puede estar?- preguntó al aire.

Paseó con calma, buscando una solución a esa pregunta, busco en los sitios que conocía, pero no la encontró, ella estaba estudiando… claro, Hugo sabía donde buscar, en la Universidad.

Llegar a la facultad, sin dinero y caminando no fue grato, pero ahí estaba, había llegado, asombrado por todo, como cambian ciertas cosas en tan pocos años, entró universidad adentro y la buscó durante toda la mañana, preguntó a gente, hablo con todos y no supo que más hacer, las horas pasaban y no sabía que hacer.

Sólo quedaba una solución, esperar, se fue directamente a la cafetería donde no tomo nada esperando ver que ocurría, el tiempo paso sin ninguna prisa, ellos no le hubiesen mandado ahí si fuese imposible encontrarla, Tarod buscó a Cyllan mucho tiempo, hasta que la encontró.

_ Joder, Cyllan dame una pista,- murmuró Hugo malhumorado.

Detrás suya oyó una silla que se mueve.

_ Perdona, ¿has dicho Cyllan?.

Esa voz, no puede ser, es ella. Hugo se da la vuelta y ve frente a ella a una joven de veintidós años con una sonrisa traviesa y una mirada extrañada, su pelo negro cae largo por su espalda y sus expresivos ojos esconden todo aquello que le maravilló.

_ Si, conoces a Louise Cooper por lo que veo.

_ Si, claro, me encantan sus libros- dijo ella.

_ Me llamo Hugo encantado.- dijo alargándole la mano.

_ Yo soy Tazirga, encantada.- Su mirada se fija en la mano y la estrecha extrañada pero sonriente.

Hugo duda de cómo seguir, habla sobre un rato sobre libros de literatura fantástica y de mil temas, ella se ríe con él, el tiempo pasa mientras hablan, ella le mira extrañada.

_ ¿Sabes una cosa?, te miro y me parece que te conozco, tengo un déjà vu extraño, son tus ojos. Me miras de una manera en la que nadie me ha mirado nunca. Yo nunca diría esto, no lo entiendo.

_ No es la primera vez que me dices eso- dice Hugo sonriente.

Ella le mira extrañada, pero no dice nada.

_ Bueno, me tengo que ir a clase, me ha encantado conocerte Hugo.

_ Estaré aquí esperándote si quieres tomar algo al salir.

Ella le mira pizpireta y sonríe.

_ ¿Por qué no? Aquí en dos horas.

Ella se marcha y él la ve irse con extrañeza, el tiempo pasa con demasiada lentitud, no sabe como decirle lo que ha ocurrido, no sabe como explicárselo, ella no le creerá es lo más lógicos del mundo.

Entre cavilaciones el tiempo llega a su fin y ella vuelve.

_ Vamos a dar un paseo por La Laguna- dice mientras me tiende la mano.

Subimos a la zona vieja mientras hablamos, es distinta a como la conoció, pero es ella, ella en estado puro sin ninguna duda, pregunta a donde ir, pero Hugo sabe exactamente a donde deben ir, caminan hacia un camino rodeado de palmeras donde la gente corre a esa hora.

La conversación va fluyendo mientras el tiempo vuela, cuando Hugo se da cuenta ella le dice que debe irse, es tarde, a su alrededor se ha hecho de noche, ella no está segura de querer estar aquí a estas horas.

En ese instante, comienza a llover, y ella se cubre corriendo, pero él no, él sonríe, debe llover, Hugo ríe.

_ Ven, dame la mano.

Ella le mira extrañada.

_ Esta lloviendo tío.

Hugo se ríe aún más.

_ Ya, ya lo sé, pero tenemos que bailar bajo la lluvia mientras yo canto.

_ Ni de coña tío, como voy a bailar, yo no bailo.

Hugo la toma de la mano y la levanta, comienza a bailar con ella moviéndola de lado a lado y sonriéndole, tatarea unas letras de una antigua canción mientras llueve sobre ellos, el la abraza y ella se deja envolver por sus brazos.

_ Hugo, ¿Qué me ocurre?, ¿Por qué me dejo llevar así?.

Hugo se acerca aún más y la abraza, le susurra al oído.

_ El tiempo pasará, y volverás a ver mis ojos, pero debo decírtelo, he venido de otro tiempo donde ya te conocí, Tarod y Cyllan me han mandado aquí con la bendición de Yandros, por eso se tantas cosas de ti, porque ya te conozco y al decírtelo, lo he arruinado todo. Quiero ofrecerte una posibilidad en tu vida.

Hugo nota como ella intenta despegarse, se ha asustado, le mira con una cara rara, ella coge sus cosas y se va con miedo, pero antes de irse, Hugo la avisa.

_ En diez años exactamente, estarás aquí de nuevo y yo te estaré esperándote en el momento idóneo, ya lo comprenderás con el tiempo… adiós pequeña.

Tazirga corre lejos de Hugo por equivocación de él, no podrá arreglarlo y lo sabe, el tiempo lo hará y de eso, le sobra.

_Me equivoqué…- las palabras de Hugo se las lleva el viento.

























Llueve de nuevo, en una esquina se despiden dos personas, una se va tatareando a un cambio de su mundo, otra vuelve a casa después de una noche extraña.

_ Hola.

Ella se asusta, pero no se va, ha reconocido la voz.

_ Hugo…. ¿No acabo de dejarte en la esquina?.

Hugo sonríe al fin… No pequeña, hace diez años te dije que estaría aquí, y ahora lo estoy para ofrecerte algo.

Tazirga mira con calma la cara que tiene delante, es el mismo de hace 10 minutos pero distinto, sus ojos siguen siendo los mismos, pero tiene mas arrugas y mas canas, pero su sonrisa es la misma, ella lo recuerda todo de pronto, lo entiende todo, le recuerda, entiende quien es Hugo, ella llora, Hugo sonríe.

_ Pero… Pero… Hugo.. esto no es lógico…- ella le mira extrañada y perdida.

_ Puedo mostrártelo- le indiqué señalándome el brazo- Confía en mí.

Ella asintió y yo me toqué la cicatriz y grite por Tarod con todas mis fuerzas, mientras sentía como su mano se cerraba en la mía, una fuerza me arrastró de nuevo hacia la bruma oscura y todo se desdibujo.

Hugo se alzaba ante las puertas del castillo esperando a que Tazirga se recuperase de la impresión, el sonrió alentándola.

_ Prepárate para conocerlos.

Ella le miro extrañada, debía ser una broma, tras unos segundos ensimismada consiguió alzarse y vio la mano extendida de Hugo ante ella.

Caminaron juntos a lo largo de la entrada y bordearon el patio, Tazirga observaba todo ensimismada, parecía irreal a su modo de verlo, pero peor fue cuando observo las dos figuras que se materializaron en el centro de su visión.

Ante ella, Tarod sonreía y Cyllan la observaba con extrañeza, sin embargo ella no podía dejar de mirar a otra figura que acababa de aparecer, unos ojos multicolores la observaban enmarcados en un rostro perfecto.

_ Bienvenida Tazirga – dijo Yandros.

Incapaz de hablar, observaba a un lado y otro, pasando de rostro a rostro con ojos de búho, hasta que se paró en los ojos de Hugo. Ahí se calmo y se armó de valor.

_ Hola… no se muy bien que hago aquí- intento explicarse.

Hugo sonrió, él si sabía que hacía ahí y quería ser el quien explicarlo, pero Tarod se le adelantó.

_ Hugo tomó la decisión de pedirnos ayuda, nosotros se la concedimos, el quería ser un Pupilo del Caos, y sólo había una condición, otra persona debía acompañarle y en su mente vimos que eras tú, así que le envié al pasado a por ti.

_ Pero no nos hizo caso y te dejo vivir tu vida.- continuó Cyllan.- ahora te ha traído ante nosotros, porque queremos ofrecerte lo mismo que a él.

Yandros dio un paso adelante con los ojos color dorado chispeando.

_ La realidad es la siguiente, Hugo ya ha decidido su futuro para toda la eternidad, pero tú tienes la elección, puedes llegar a ser una Señora del Caos como él, una hermana más.

Tazirga miró sin comprender, era imposible que eso ocurriese, no llegaba a comprender las implicaciones de sus palabras, hasta que Hugo habló.

_ No te pido que dejes tu vida, vívela y se feliz, yo elegí otro camino, dentro de muchos años, cuando los dioses te reclamen de tu lecho, yo te estaré esperando.

Hugo miró a Yandros con mirada suplicante, y tras unos segundos asintió mientras sus ojos se volvían del color de un ópalo. Hugo continuó.

_ Vive tu vida, vive la felicidad de una persona humana, yo viviré en la eternidad, esperaré al día que quieras venir o no.

Tazirga miraba a cada uno sin saber que decir, Cyllan la observaba curiosa.

_ Es una vida maravillosa, te ofrecen ser una diosa, yo soy feliz junto a Tarod, no hay tiempo, sólo espacio, todo pasará y absolutamente todo estará a tu alcance, debes elegir, ser nuestra hermana o ser un alma más.

Tarod la miró con malicia.

_ Elige Tazirga, una vida mortal y la eternidad o ser como todos los demás.

No sabía que decir, ella no contaba con esto, Yandros se acercó a Hugo y le toco el hombro.

_ Es el momento Pupilo del Caos.

Tazirga no comprendía que significaba eso, Hugo vio en sus ojos la incomprensión.

_ Es la hora de irme, debes elegir pequeña, que quieres, tienes mi amistad eterna y quiero darte lo que sueñas, poder estar toda tu existencias con la gente que quieras, todos estarán donde tu quieras que estén… Tazirga, vive la vida y disfrútala, dentro de muchas décadas, podrás elegir.

Yandros observaba la escena con extrañeza, pero al fin se rió, se acercó a Hugo y puso su mano sobre su pecho.

Pasaron varias cosas a la vez, Hugo voló hacia atrás mientras se quedaba quieto en el aire, su cuerpo se extendió hacia atrás, de su boca y sus ojos, salieron unos chorros de luz verde. Un sonido semejante a una plegaria resonó en todos lados mientras todo el sonido se concentraba en su cuerpo, de pronto todo cesó.

Tazirga pudo ver al fin la figura que tenía frente a ella, era él, no cabía duda, sus ojos tenían la misma mirada, pero sin embargo, no existían en este mundo, el color del iris cambiaba sin aviso a cada color imaginado.

Hugo habló, con su voz de siempre, pero con una melodía de terciopelo.

_ Es el momento, debes irte, no puedes mirar atrás, volveremos a vernos.

Un fuerte viento comenzó a soplar mientras todos se acercaban entre si, Tazirga no podía moverse de donde estaba, sólo podía ver a sus tres seres mitológicos junto a su amigo. El viento cada vez era más y más fuerte. Yandros se acercó a ella, y le sonrió.

_ ¿Volveremos a vernos?- pregunto aun sonriendo.

Antes de poder contestar Tazirga, un dedo de Yandros se posó en su mano, el dolor fue tremendo, el viento seguía soplando y rugiendo, lo último que vio Tazirga fue a tres figuras en pie mirándola con calma.

Y a su amigo Hugo, ahora Pupilo del Caos, sonriéndole con alegría. Una voz resonó en su mente “Volveremos a vernos”.

8 comentarios:

Demóstenes dijo...

Creo que soy el primero en leerlo! xD

El relato está bien, pero tiene un par de pegas.

La primera es que la ortografía no es muy correcta, y la puntuación también se pdoría mejorar.

La segunda es que si no te has leído "el señor del tiempo" no te enteras de la mitología del relato xD.

Pero me ha gustado, el momento en que conoces a tu amiga es muy bonito ^^, realmente es lo que más me ha gustado, quizá sea porque es lo que mejor he entendido :P

S. dijo...

no he entendio ná.

Samy dijo...

Tienes mucha imaginación chaval, ten cuidado no vayas a confundir la fantasía con la realidad jijiji

S. dijo...

donde andas pirata?

Mandunguilla dijo...

Saludos baby, a mi solo me apetece comentar dos cosas, haz un apartado novela y la segunda es que si no tienes na que decir... no es necesario ni sentirse culpable, ni dar explicaciones de todo lo que uno hace o no hace y el por que.

Si no sabes que contar, si no te apetece escribir, pos sigue tu vida, el blog sigue alli pa cuando te apetezca.

Saludos darling

Anónimo dijo...

Primero nos das la lata con cuentos sobre tu insípida vida y ahora con esto. Ya decía yo porqué había dejado de pasarme por aquí.

Ellie dijo...

Hoooooooooooooooooola????

No me fa el f5 y no se me actualiza el blog, o es que Hugo pasa y la gente no sé ánde se ha metido??

En fin.. que cosas..

Raquel dijo...

VAmos a veeeeerrr... Se puede saber donde te has metido?? que ya no vienes ni a pasar la visita del medico????

POro cierto,tu has ledio eltitulo de este blog? Ah siii, si lopusiste tu jajajajaj
Como va la cosa,ponlo al dia anda!!!